Atlético de Madrid
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Esta Copa no interesa a nadie. Si el torneo, pero no el formato. Sólo 8.000 espectadores se dieron cita ayer en el Calderón para presenciar la vuelta de los dieciseisavos de final entre el Atlético de Madrid y el Marbella. La temprana y atÃpica hora (19.00) congregó a mucho público infantil, a ese que le da igual los resultados y que, incomprensiblemente, siguen teniendo ilusión con los colores rojiblancos. Fueron ellos los que celebraron con más Ãmpetu los tantos de los colchoneros. Los niños y los propios jugadores rojiblancos. Con su parte de lógica, claro. Sinama llevaba meses sin marcar y Maxi quiso dedicar el primero de su cuenta particular a Alma, su hija recién nacida.
Sin nada en juego y con el trámite solventado (4-0 al descanso), el único interés de la tarde era comprobar si el Atlético igualarÃa su mayor goleada copera de la historia (8-0 al Elche en 1960). Eso, y los destellos de Reyes o Jurado, que bien podrÃan haber llegado el pasado sábado, y los silbidos a Perea, a quien no perdonaron su regalo a HiguaÃn.
Por su parte, el Marbella llegó al Calderón pensando en su mala clasificación liguera (es último en el grupo 4 de Segunda B) y en dónde tomarÃan un ‘refresco’ tras el partido para celebrar su visita a la capital. Más enfadado estaba su entrenador, José Luis Montes, que en el minuto 30 ya habÃa hecho dos cambios.
Miradas hacia el norte
Con Maxi culminando su hat-trick y subiendo la manita al marcador tras el descanso, las miradas se desviaron hacia el norte. AllÃ, el Madrid se encomendaba al espÃritu de Juanito para remontar ante el Alcorcón. A falta de alegrÃas en casa, mejor buscarlas en la del vecino. Y eso que Maxi, con su cuarto tanto, trataba de centrar la atención de los colchoneros.
En el Calderón no habÃa ganas ni de celebrar la goleada pero al menos, el triunfo aumentará la confianza del equipo, que no la ilusión de la grada. Los 8.000 animaban al Alcorcón, que resistÃa los envites blancos en el Bernabéu. Cada vez que el sonido anunciaba un gol copero en el videomarcador, el murmullo nacÃa en el estadio. Lo que hacÃa el Atleti ya no interesaba a nadie. Sólo a Alma, a quien su padre contará que una tarde frÃa de otoño marcó cuatro goles en un partido de Copa del Rey para dedicárselos
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